Las mujeres detrás de Selva Nevada: “Trabajar en comunidad vale la pena a cada paso”

 

Las mujeres tienen un rol protagónico en muchas de las empresas y proyectos registrados con Canopy Bridge. Este ha sido el caso desde siempre en la agricultura amazónica –como por ejemplo en comunidades cofán y huaorani– y ahora lo empezamos a ver con más frecuencia en sectores empresariales antes dominados por hombres. Hace unos días, las marchas organizadas por las mujeres en los Estados Unidos se convirtieron en las más multitudinarias de la historia de ese país. Ante tanto caos en el mundo, esto nos da esperanza: la nuestra también es una época de empoderamiento.  

Para nosotros por eso es importante dedicar un espacio a estas historias de emprendimiento e iniciativa. Para lanzar nuestra serie de  “Mujeres Emprendedoras” conversamos con las mujeres detrás de los deliciosos helados colombianos Selva Nevada: Antonuela Ariza y Catalina Álvarez.

Los helados Selva Nevada nos torturan de lejos. En su página web los contemplamos hambrientos, sedientos y golosos en días de calor en la oficina. Yo he buscado remediar los antojos en heladerías cercanas que terminan solamente frustrándome más por sus saborizantes artificiales.  Selva Nevada experimenta y seduce con sabores amazónicos como camu-camu, arazá y gulupa. Sus insumos son 100% naturales, no utilizan colorantes, ni saborizantes y trabajan directamente con sus productores.

Más allá de ser productos tentadores, detrás de Selva Nevada hay una empresa que se creó con la misión central de generar nuevas oportunidades para productos y productores que de otra manera difícilmente llegarían a tener mercado – una misión con la cual nos identificamos plenamente acá en Canopy Bridge.

Antonuela y Catalina (con gafas) .
Antonuela y Catalina (con gafas) .

 

¿Cómo surgió la idea de Selva Nevada?

AA: Surgió por dos necesidades que se encontraron: una, la de mi socio Alejandro Álvarez de apoyar campesinos y recolectores de la Amazonía con quienes llevaba un tiempo trabajando y a quienes ya les compraba la fruta para vender la pulpa en Bogotá. Dos, el compromiso con ellos crecía y se hacía inminente la necesidad de buscar más maneras de usar sus productos. Fue allí donde se encontró con nosotros.

Ya le comprábamos la pulpa para vender jugos amazónicos en Mini-Mal, mi restaurante en Bogotá, pero cuando nos habló de la idea de abrir  una heladería, nos asustamos un poco.  Al mismo tiempo sabíamos que era una buena manera de hacer crecer las comunidades y de seguir creando cadenas de valor. Después de pensarlo un poco lo hicimos realidad.

Mi rol fue aprender a hacer los helados: formulaciones, ingredientes, insumos, manejo de máquinas y lo más importante, diseño de las recetas y sabores.

CA: La idea surgió de la necesidad de encontrarle mercado a emprendimientos rurales del país de manera mesurada, para ir construyendo la oferta de producto con paciencia y en concertación con las comunidades. Otros elementos que nos importaban eran: no tener relaciones subsidiadas ni paternalistas con las empresas comunitarias, y mantener un tratamiento diferencial basado en los distintos niveles de desarrollo de las comunidades, en las variables culturales y en las condiciones específicas de las regiones donde estaban los proveedores.

Al principio, mi rol fue contactar a algunas de las comunidades con las que había trabajado en el proyecto de cooperación británica, y desde hace 2 años me he dedicado a la administración de la empresa.

 

¿Me puedes contar un poco sobre tu experiencia con el tipo de ingredientes que utilizan en Selva Nevada?

AA: En Selva Nevada usamos frutas de diferentes regiones del país; a lo largo de nuestros nueve años, hemos ido encontrando diferentes comunidades que cultivan diversos productos. Cada uno de ellos tiene una historia y una manera de ser usado.

Las frutas amazónicas por ejemplo han sido de gran importancia y les hemos dado prioridad en nuestros sabores. Trabajamos de manera más cercana con las comunidades que las producen. La vainilla fue una experiencia formidable porque aprendimos cómo procesarla nosotros mismos, ya que nos la mandaban verde desde el Chocó. Ese era un gran valor para el helado, su recorrido desde la semilla hasta la mesa.

El cacao también ha sido una linda manera de experimentar con sabores más clásicos y otros más rústicos. Finalmente llegamos a nuestra propia receta, que de algún modo recuerda al chocolate de taza que tanto nos gusta.

Hay otras frutas de temporada de las que hacemos helado de vez en cuando. Analizamos la reacción de quienes los prueban y vemos cómo podemos trabajar con las comunidades para seguir usándolas. A veces es posible, a veces sólo se puede una vez.

CA: La mayor parte de los ingredientes que utiliza Selva Nevada los conocí entre el 2003 y 2005 cuando trabajaba para un proyecto de cooperación internacional que promovía el desarrollo económico en áreas rurales del país. Al principio la idea era conectar y posicionar –sobre todo las pulpas de arazá, cocona y copoazú– en los grandes supermercados como Carrefour y Carulla, o que sirvieran de insumo para la agroindustria nacional. Sin embargo, y después de vivir los diferentes fracasos comerciales con las comunidades rurales, decidí con mi hermano y un amigo promover el desarrollo gradual de la oferta, en concertación con las asociaciones y microempresas comunitarias. A esta iniciativa se unió Nela (Antonuela Ariza) que, con sabores e increíbles ideas culinarias, nos ayudó a crear los helados de Selva Nevada, que muy pronto lograron tener un nicho de mercado en los restaurantes y hoteles en Bogotá.

¿Tu helado de Selva Nevada favorito?

AA: Mambe (hoja de coca), Chontaduro-coco (fruto de palma de chonta con coco), Copoazú y Limonaria (hierba luisa o limoncillo).

CA: Difícil, a mí me gustan todos dependiendo de la hora, del ánimo y de la compañía. Por ejemplo: los sherbet de arazá, corozo, camu-camu y copoazú son refrescantes, pero con carácter; el de chocolate es una delicia en las tardes frías; el de limonaria me acuerda cuando llegaba del colegio a la casa y tenía esa sensación de seguridad después de un día agitado; el de postre de natas y queso de bocadillo son la mejor excusa para una sobredosis de azúcar; y el de vainilla es simplemente perfecto.

 

helados4

¿Cómo ha sido la recepción de Selva Nevada en Colombia? ¿Los sabores que más gustan, los que asustan?

AA: Ha sido increíble. Nos dimos cuenta de que darle valor a un producto local, promover su uso y su consumo son una manera muy valiosa para que las personas intercambien conocimiento sobre otros lugares y culturas. 

Los sabores que entusiasman: Limonaria, vainilla, chocolate, guanábana-hierbabuena, gulupa, coco, arazá, arequipe.

Los que asustan pero enamoran: chontaduro, copoazú, corozo, camu-camu, mambe.

CA: En general creo que han tenido muy buena aceptación los sabores. Las personas de lugares distintos a Bogotá se reconocen culturalmente con algunas de las frutas, y casi todas las personas que prueban los helados se sorprenden con los sabores tan colombianos que ofrecemos. Obviamente, hay también quienes no están acostumbrados a algunos sabores y los rechazan; pero uno de los objetivos de Selva Nevada es que los colombianos aprendamos a conocer la riqueza gastronómica que hay en nuestro territorio.

Creo que en cualquier tipo de comunicación, sea una campaña publicitaria o una simple conversación, se debe ser sincero y contar la historia. La gente aprecia la sinceridad y la pasión por el trabajo.

¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer en un sector como el tuyo?

AA: A mí lo que más me gusta es cocinar, diseñar recetas, sabores, probar ingredientes. Así mi experiencia ha sido encantadora. Me he encontrado con tantas frutas, historias, sabores, colores y aromas para compartir que, de verdad, cada vez me gusta más hacer helados y sabores nuevos.

CA: Yo nunca he sentido diferenciación alguna en mi labor por ser mujer, ni en Selva Nevada, ni en trabajos anteriores. Sin embargo sé que con frecuencia es más difícil para las mujeres ejercer su profesión y alcanzar sus sueños; tal vez he tenido muy buena suerte, y creo que me he movido en esos espacios del país que permiten igualdad de género.

¿Qué desafíos has encontrado?

AA: Así suene cliché, las mujeres siempre nos encontramos con que a veces no nos creen el cuento, cualquiera que sea. Yo me encontré con esto: con que mi manera de trabajar en grupo no era lo suficientemente estricta. A veces las cosas me tomaban más tiempo, pero eran más divertidas; esto a veces no era lo más conveniente para una empresa.

Me encontré y me sigo encontrando con que a veces mis ideas son puestas en duda.  Por muy buenas e interesantes que sean, necesito dar mil explicaciones.

CA: He encontrado mayores desafíos, no por el hecho de ser mujer, sino por tratar de crear una empresa con pocos recursos. La legislación en Colombia es poco amigable con los emprendimientos, y la infraestructura pública es deficiente, haciendo que el sector privado requiera de mayores inversiones para producir y vender sus bienes y servicios. Este aspecto es aún más desconcertante cuando sabemos que la mayor parte del empleo en Colombia lo generan las micro y las pequeñas empresas.

¿Tienes consejos para otras mujeres en sectores parecidos?

AA: Más que un consejo creo que quisiera alentarlas a saber que no importa si tienen un producto o mil, si tienen muchos clientes o pocos: lo que hagas por apoyar a otros y trabajar en comunidad vale la pena a cada paso.

CA: No soy buena para dar consejos. Tal vez lo único que puedo decir es que es importante tener paciencia y ser perseverante.

¿Cómo puede un helado cambiar su entorno, su mundo? ¿Tienes ejemplos concretos de cómo el trabajo de sus productores respeta la biodiversidad?

AA: Lo digo con emoción: cada cucharadita de los helados de Selva Nevada ha generado reconocimiento para estas comunidades y su trabajo diario en el campo: el reconocimiento de su lucha por defender las frutas (el tesoro de Colombia), sus cultivos tradicionales y lo que los bosques nativos significan para su cultura.

En época de cosechas, ellos recolectan de los bosques nativos. No hay monocultivos.

Por ejemplo, las mujeres del camu-camu en Tarapacá (Asmucotar) hacen la recolección a finales de enero (que es la temporada), y con la ayuda de otras personas  revisan el estado de las plantas, siembran y verifican que todo se haga con cuidado con el entorno natural de esta fruta.

CA: Un helado, una mermelada, un jugo, una salsa, cualquier producto que nos ayude a consumir más de nuestras frutas, ayuda a conservar los bosques y mejora las condiciones de vida de quienes las cosechan. Cuando se le da valor económico al bosque, por una flor, un fruto, un árbol, o un insecto, se desincentiva automáticamente su degradación y se fomenta el cuidado y enriquecimiento.

 

¿Qué más debe saber el mundo sobre ti? ¿Sobre Selva Nevada?

AA: Que soy cocinera de vocación, artista de profesión y anfitriona por pasión.  Me encanta cocinar para alimentar a otros y aprender sobre cada ingrediente. Prefiero aprender de otros que aprender de libros.  Nací en la ciudad y me encanta, pero admiro profundamente a quienes viven y trabajan en el campo. Me siento agradecida con ellos cada día.

Selva Nevada es un trabajo que no va a terminar. Creo que cada vez tenemos más responsabilidad con las comunidades, el agua, el medio ambiente. Los helados que hacemos son sólo la manera que inventamos para que la gente pueda probar un poco del cariño y respeto que sentimos por las personas que siembran y cosechan cada día; que cuidan la tierra para que siempre haya alimento.

CA: Yo, a través de Selva Nevada y otras iniciativas que tenemos en las regiones, he querido ensayar y mostrar que es posible crear empresa en las zonas aparentemente más difíciles del país; que es necesario aliarse con las comunidades locales y estar dispuesto a tomar riesgos y aprovechar oportunidades conjuntamente. Hay mucho por aprender de las diferentes culturas, de los ecosistemas y de nosotros mismos.

 

Selva Nevada tiene un perfil en Canopy Bridge. Visítalo aquí.

 

Comments

Your email address will not be published. Required fields are marked *